Todas las profesiones tienen una historia. La nuestra, la del aparejador o arquitecto técnico, es una larga historia, como larga es la trayectoria a través de los cinco siglos en que, con tal denominación, se conoce este noble oficio de dirigir, coordinar e inspeccionar los materiales y la mano de obra que intervienen en la construcción de los edificios.
La palabra aparejador aparece en los documentos históricos con anterioridad a la mayoría de las actuales profesiones y, desde luego, antes que ninguna otra de las denominadas profesiones técnicas. Incluso en los archivos, el nombre de aparejador es utilizado antes que el de técnico-artista diseñador del edificio, que aparece con la denominación de 'maestro mayor'.
Sin embargo, la historia de esta profesión de tan honda tradición, de tan extensa trayectoria y abolengo a lo largo de los siglos y tan enraizada en la cultura y en la arquitectura de España, resulta todavía desconocida para aquellos que hoy ejercen como aparejadores y arquitectos técnicos. Siempre me ha preocupado este fenómeno, cuyas causas están más en la dispersión de los datos que recogen nuestra historia y en la ausencia de un relato de fácil lectura que en el desinterés de los profesionales de hoy.